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Pan Y Amor

Por Flor Marenco. Fotografía: Oliver Best.

La camioneta a la cual seguíamos se detuvo de repente en una estrecha calle. La conmoción, el comercio y el incesante ruido del tráfico estremece el panorama. Mientras tanto una interminable fila de vehículos, peatones y carretones pelean por avanzar. Compradores corretean de un lado a otro, dentro y fuera de las tiendas que se alinean en el camino confundiéndose con vendedores que pasan en medio del relajo sin precaución, cargando bolsas de agua, productos para el hogar y probablemente cualquier otra cosa que se puedan imaginar.

Entra a la bulliciosa escena un hombre sosteniendo un rótulo hecho a mano que dice “Alto”, tratando de abrir paso a una fila de pequeños para que lleguen sanos y salvos a su destino. Al cruzar la calle, los niños desaparecen a través de una puerta oxidada hecha de zinc y madera. Ellos fueron la señal de que encontramos nuestro destino, El Centro Escolar Pan y Amor, una escuela ubicada en el lugar menos pensado, el infame Mercado Oriental de Managua.
Mucha gente llama a este mercado hogar y los cientos de niños que habitan en él crecen aprendiendo a realizar cualquier tipo de oficio; vender, escarbar basura, robar y en el peor de los casos prostituirse. La educación no es primordial para estos niños y sus padres. Su prioridad es sobrevivir. Fundado en el 2000, con el fin de que todos estos niños que habitan en el mercado reciban la educación que se merecen, Pan y Amor también trabaja en su auto estima y motivación personal.

Entramos a través de la misma puerta oxidada en un buen momento, el centro estaba invadido risas alborotadas de niños que reunidos disfrutaban de un espectáculo de primera que el payaso Pipo preparó para ellos.
“Levanten la mano… (Todos levantan sus manos)”, Pipo continúa, “…los que no se bañaron hoy”. Los niños soltaron sus sonoras carcajadas y como una reacción natural la risa nos contagió haciéndonos reír con ellos. La atmósfera de alegría me hizo olvidar por un momento lo que estos niños viven fuera de Pan y Amor.

Tal es el caso de Isabel que junto a sus tres hermanitos asisten a este centro. Ella y su familia viven en un edificio en ruinas abandonado después del terremoto de 1972. En su sombrío interior no hay indicios de energía eléctrica, no hay divisiones entre viviendas, no existen los muebles. Los rodea la incertidumbre, el peligro y un asador hecho de un barril y partes viejas de un abanico en los que cocinan los pocos alimentos que consiguen. Hasta hace poco la familia de la niña compartía este espacio con otras siete familias, pero conflictos habitacionales entre los vecinos que consumían drogas y alcohol provocaron un incendio que arrasó con gran parte del lugar, dejando únicamente a Isabel y a los suyos como huéspedes.

La abuela de los niños es quien se encarga de ellos luchando diariamente con su edad y las múltiples enfermedades que la acompañan. El padre no existe, la madre ha vuelto a sus andanzas, desapareciendose por días sin dar aviso de su paradero. El rol de “mama” ha caído sobre los hombros de la niña de apenas 10 años de edad siendo ella quien lava la ropa, cocina y alista a sus hermanitos para que asistan a la escuela.
Pan y Amor provee a niños como Isabel y sus hermanitos la vida que todo niño debe tener aunque sea por unas horas. Se ha convertido en un lugar de esperanza. Se espera que esto los prepare para un futuro distinto lejos de los muchos patrones de maldad, vagancia y vicios que los rodea en el Mercado más grande de Centroamérica.
En el 2008 Pan y Amor realizó su primera promoción de quinto año con la ilusión de efectuar muchas más.

Visita su sitio web: www.panyamor.org.ni

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