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Noche de Lucha

Por Jonathan Jackson, Fotografía Oliver Best

(Publicado originalmente en Marzo 2009)

Si la vez en pleno día, con su apariencia de modelo, cabello impecable y atuendo perfecto jamás te vas a imaginar que LUCHA siempre ha sido el tipo de mujer que disfruta ensuciarse las manos, literalmente.

“Tenemos que encontrar una pared, quiero joder este manicure,” dice la alta y delgada rubia de treinta y dos años mientras cruzamos Managua en una SUV llena de pintura aerosol.

Estamos buscando un lugar para que LUCHA y sus compañeros grafiteros CRON y VECK puedan hacer algunos dibujos antes de que salga el sol.

Llegamos en Carretera Norte, que no es ninguna extraña al grafiti. Mientras tanto más adelante del camino una montaña de basura se está quemando, iluminando la noche y nuestras fosas nasales.

LUCHA, una nicaragüense experta en grafiti, que ahora reside en el Bronx es casi diez años mayor que sus compañeros grafiteros y el respeto que muestran por ella es notable, al igual que su camaradería. Los tres amigos se toman su tiempo para escribir mientras chilean entre ellos.

Las luces delanteras de un vehículo cortan la oscuridad de la noche, es la policía…Los que estábamos viendo nada más nos tensionamos.

Los grafiteros siguen escribiendo sin importar nuestra advertencia, dándole a la camioneta azul que se parquea detrás de ellos un breve vistazo por encima del hombro.

Mientras la camioneta se detiene los cuatro oficiales entran en la escena, ven las ocho o más latas de pintura en aerosol yaciendo vacías en el piso y la botella de agua justo al lado. Miran a LUCHA y a sus amigos mientras continúan escribiendo. Miran a los gringos altos que están detrás de ellos documentando la experiencia.

Siendo de los Estados y sabiendo la relación volátil que existe entre los grafiteros y la policía, presiento que algo está a punto de suceder.

El amigo de LUCHA, Jake, que la visita desde San Francisco y que está en medio de todo le explica a los policías que solamente están haciendo grafiti y que todo ‘tranquilo.’

La pesca se sienta allí por unos minutos más observando de cerca. El conductor mete el cambio, da la vuelta y se va en medio de la noche sin decir una sola palabra. Los tres norteamericanos nos miramos con caras de ‘qué rayos fue eso?’

Los tres de Managua ni siquiera lo notan y siguen escribiendo.

Hora y media después, cuando los grafiteros habían terminado, nos amontonamos en la camioneta y nos dirigimos de regreso a la casa, asegurándonos que dos esenciales six packs de Toña van al lado nuestro.

Después de un par de rondas es hora de decir buenas noches… o buenos días ya que son las cuatro de la mañana. Les digo adiós a los muchachos y le doy a LUCHA un gran abrazo. Mientras se voltea para irse le echo un vistazo a sus dedos cubiertos de pintura azul y negra. Me puse a pensar en lo desbaratado que quedó su manicure.

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