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Nicaragua Multiéctnica: Una farsa para los Costeños?

Por Silvio Sirias Duarte, Fotografía Flor Marenco

Vivir en el Pacífico de Nicaragua para la comunidad costeña es un cambio radical. Se cambia el cayuco o la lancha por un bus muchas veces destartalado. La unión entre el cuerpo y el agua desaparece. Vivir en comunidad es casi imposible por las distancias. Entre la comunidad mestiza del pacífico prevalecen prejuicios, actitudes racistas y un desconocimiento de la historia de la Costa Caribe, su cosmovisión, el aporte sustantivo a la economía nacional y su forma de hacer política incluyente.

La Costa Caribe de Nicaragua se reincorporó al Estado Nacional en 1894, luego de varios levantamientos de sus pobladores. La “reincorporación de la moskitia” resultó de un proceso traumático que impuso por la fuerza otra lengua: el español, y el establecimiento de un sistema político administrativo encabezado y dirigido desde el gobierno central de Managua.

“No se ha dado todavía una reincorporación jurídica, política, económica, religiosa y cultural de la Costa Caribe al resto de Nicaragua. Es una imaginación que dirigentes políticos de la nación y líderes de la Costa sostienen. Pero, realmente, a la fecha esta no se ha dado”, expresa el Reverendo Norman Bent, coordinador de los Consejos Ecuménicos de la Costa Caribe de la Iglesia Morava.

Marisa Olivares, socióloga y docente de la Universidad Centroamericana, cree que la historia de la Costa Caribe tiene muy poco que ver con lo que nos han enseñado al resto de nicaragüenses sobre identidad nacional: Rubén Darío, Rafaela Herrera, el español, el Gallo Pinto, el catolicismo, el nacatamal. Afirma que todos esos marcadores son ajenos a la gente costeña. “Su anglicismo, su protestantismo, su mar, su relación con la naturaleza, su lengua quedan fuera”.

Ser nica o ser costeño

Alta Hooker, Rectora de URACCAN, una de las dos universidades de la Costa Caribe, comenta que para ella, “Ser costeña es antes de ser nicaragüense. Significa vivir y aprender a comportarse en ese entorno, construir y lograr ser parte de esa identidad”.

¿Y qué es la identidad cultural? Es el conjunto de valores, tradiciones, símbolos, creencias y modos de comportamiento que funcionan como elemento cohesionador dentro de un grupo social y que actúan como sustrato para que los individuos que lo forman puedan fundamentar su sentimiento de pertenencia.

Shakira Simons, oficial de programa en el Fondo Centroamericano de Mujeres, es una joven orgullosa de ser creole y llegó a Managua en el 2001 pero a las dos semanas, quería regresarse a Bluefields. “Acepto que traía, y todavía tengo, un poco de resentimiento y rencor por el trato que ha recibido la Costa”.

Sentirse más en casa, sin estar en casa
En Managua el mundo de los costeños crece cada día. Disfrutar de la cultura costeña en el Pacífico es ahora muy común. Comerse un rondón, chuparse los dedos degustando un pedazo de pan de coco, bailar rodeado de gente negra y miskita se ha convertido en una nueva actividad en Managua. Barrios capitalinos como Bello Horizonte, Waspam Norte, Primero de Mayo, Jardines de Veracruz, Ciudad Jardín, Las Mercedes, Casa Real y Monseñor Lezcano, abrigan toda una cultura, muchas veces escondida por miedo a la burla.

Shirlene Green, una costeña mitad criolla y mitad miskita que trabaja para VIKES, Fundación Finlandesa para Medios de Comunicación y Desarrollo, asegura que, “Desgraciadamente una persona costeña se siente diferente en el pacífico por razones étnicas, políticas y lingüísticas”.

Pero Simons sostiene que los costeños son personas adaptables al ambiente donde estén. Para enfrentar la vida en el pacífico, utilizan varias válvulas de escape: “Cruzamos de la música a la comida. Buscamos lugares donde se encuentran los y las costeñas: una disco, un bar, una tarde en casa de amigos para platicar en nuestro idioma, comer nuestras comidas, hablar sobre cosas de la casa o de los problemas que estamos teniendo allá”.

Judith Plazaola Cunningham, una costeña de Bilwi que llegó a Managua en los años noventa, cuenta que lo más difícil de no estar en su tierra son los lugares que no puede traerse, pero, “Hay cosas que te podés traer: los sentimientos”, asegura.

Estos sentimientos precisamente, son los que mantienen vigorosa a una población históricamente excluida y rechazada. Nadie escapa a la persecución que muchos costeños y costeñas viven en la capital: los observan por hablar en su lengua, las acosan por sus rasgos físicos, los comparan con traficantes de drogas, son objeto de “admiración” por el color de la piel o la forma de bailar, han sido víctimas de la burla en los medios de comunicación o no las dejan entrar en algunos lugares públicos.

La cuestión se resuelve con educación

Pero, la historia podría ser distinta. “La cuestión se resuelve con educación”, expresa doña Selina Nash, una abuela caribeña que se vino a Managua cuando era jovencita. Reside en una colonia de pequeñas casas en Monseñor Lezcano. Dice que conoció la capital y se quedó para siempre. Ella cree que a los habitantes del pacífico hay que hacerles entender que Nicaragua es pluricultural, multiétnica y multilingüe.

En una esquina del mismo barrio, mientras la ruta 123 pasa chollando la cuneta, está Richard Belide, Sandra Cattuse y otros vecinos discutiendo sobre la importancia de la educación para el ser humano. Viven en Managua desde hace mucho tiempo y opinan que la gente del pacífico debe dejar de ser ignorante y entender que todos somos iguales.

Sandra Cattuse, una trenzadora caribeña grita de largo, mientras sus manos entrenzan un pelo ensortijado, brillante y negro: “Eso es un problema de cómo lo críen a usted. Mi hijo tiene una amiga que no es racista porque la han criado así, que todos somos iguales. Tiene que ver con lo que los padres le enseñen a sus hijos”. Sandra comparte una casa con otras 15 personas costeñas.

Shirlene Green propone que los y las costeñas mantengan su identidad cuando vivan en Managua, pero es necesario compartirla con las y los amigos del Pacifico para romper esas concepciones negativas.

Para Aira Brackett, modelo profesional y estudiante de turismo, “la gente del pacífico debe tratarnos, hablar con nosotros y conocernos más como somos”. Pero Sandra Cattuse, es menos optimista al expresar: “Yo creo que los del Pacífico van a morir siendo así, no van a cambiar. Hay unos que entienden, otros no”.

Desde URACCAN, se aboga fuertemente por un abordaje intercultural en todo. Desde la comunicación, la divulgación y la educación para tener relaciones de iguales.

Intentemos la solución
Para la escritora Andira Watson, Premio Nacional de Poesía Mariana Sansón 2009, “el gobierno tiene una gran responsabilidad en crear ese sentido de identidad nacional, multicultural. Está en la Constitución, entonces, que se haga valer. Tiene que crear esos espacios y mecanismos de integración o de diálogo en pro de la cultura del país”.

La educación es primordial para encontrar la paridad cultural, política, étnica y económica entre Pacífico y Caribe. La idea es vencer la división actual entre los diferentes puntos cardinales de Nicaragua, para que Shakira, Shirlene, Alta, Sandra, Judith, Norman, Andira, Richard, Aira y muchos otros costeños y costeñas de aquí y de allá, se sientan verdaderos nicaragüenses.

Comments

Selene Yang

Que buena nota profe…

C.hodgson

“So, my people were called different!
Interestingly different,
In a beautiful way, different,
So , so different, yet so, so human!”< C.hodgson

Judith

Gracias Silvio por tu trabajo, saludos

Shayne Weglin

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