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“El mundo es muy pequeño para que hayan muros”

Por Francisco Cedeño L.

A propósito de la conmemoración del 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín, celebrado tanto en la capital alemana como en el resto del mundo porque simboliza apertura, respeto y libertad hacia los seres humanos, es importante conocer sobre la historia de esta edificación que sirvió de prisión para sus habitantes, quienes vivían bajo el régimen socialista que dividió al mundo después de la Segunda Guerra Mundial y que, hasta 1990, representó uno de los tantos escenarios espantosos de la Guerra Fría.

Realmente esta celebración me llama la atención porque nací en los últimos años del Socialismo, en un país que vivía un proceso revolucionario inspirado en las ideologías socialistas y que contaba con todo el apoyo y respaldo financiero y militar de la Unión Soviética y Cuba, porque para 1989 (año en que cae el Muro de Berlín) tenía 6 años y contaba con la capacidad de darme cuenta de lo que pasaba a mi alrededor, de los temas que se hablaban, de lo que miraba en las fotos de los periódicos, de lo que veía y escuchaba en la televisión, porque siempre he sentido identificación y emoción de ver a grupos de personas unirse para luchar y alcanzar una causa común. No sé… por muchas razones que aún a mis 26 años no termino de saber, entender o conocer. Y porque viendo la experiencia del muro de Berlín y de otros muros construidos alrededor del mundo con la intención de segregar, discriminar, prohibir y declarar non grato a los habitantes de países vecinos, estoy convencido de que, como leí en uno de los miles de graffiti que hay en los restos del muro de Berlín, “El mundo es muy pequeño para que hayan muros”.

A finales del año pasado tuve la oportunidad de viajar a Europa a pasar una temporada con mi futura esposa, quien se encontraba en Holanda estudiando su maestría y bueno, durante sus vacaciones intersemestrales decidimos viajar a Alemania y conocer Berlín.

El lunes 26 de enero de este año (2009) como a las 11 de la noche, llegamos a Berlín. Con muchas expectativas por conocer la capital alemana, tan llena de historia, vergüenza, dolor y guerra pero al mismo tiempo llena de elegancia, arte, cultura, tolerancia y progreso, nos instalamos en nuestro hostal para prepararnos a recorrer las calles de la ciudad al día siguiente.

Nos despertamos y alistamos. A nuestro hostal en los diferentes días de la semana, llegan guías turísticos para ofrecer tours por la ciudad, explicando su historia y arquitectura. En un día bastante intenso logramos conocer la Puerta de Brandenburgo, el Monumento al Holocausto, diferentes edificios del régimen Nazi de Hitler, restos del Muro de Berlín, el Check Point Charly (puesto fronterizo entre los dos lados de Berlín), diferentes Iglesias, Palacios, Plazas y Casas de la Cultura, la Universidad de Humboldt y la Isla de los Museos. Igual, los otros días que estuvimos ahí conocimos muchos lugares como el Zoológico, el Acuario, el Mercado de Pulgas (instalado a orillas de un tramo largo del muro en la parte norte de Berlín), la parte comunista, la parte capitalista, el East Side Gallery (la parte del muro más larga que está en pie, con más de un kilómetro de longitud), el Campo de Concentración de Sachsenhausen (en las afueras de la capital alemana), bares, tiendas, conciertos… todo lo que pudiéramos conocer en la semana que estuvimos ahí.

La historia de Berlín está muy marcada por los acontecimientos que ocurrieron en la última mitad del siglo XX. Sus orígenes se remontan a más de 800 años y sin embargo, es una urbe muy moderna. Es conocida por ser una ciudad bastante tolerante: en ella se mezclan orígenes étnicos muy diferentes combinándose razas, religiones, creencias y estilos. La industrialización, el modernismo y las guerras mundiales influenciaron mucho su arquitectura, aún visible luego de la caída del muro en 1989, en sus grandes edificios de piedra, de formas cúbicas.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial en Alemania en Mayo de 1945, el país fue dividido en cuatro zonas de ocupación militar para dificultar el resurgimiento alemán como potencia y garantizar el control de los aliados (Francia, Inglaterra, Estados Unidos y la Unión Soviética) sobre el territorio, recursos e instituciones. A partir de Mayo 1949, los territorios bajo el control de los aliados occidentales, ubicados en la parte oeste del país, pasaron a integrar la República Federal Alemana y cinco meses después, en la zona de influencia soviética, se formó la República Democrática Alemana. Pero Berlín (capital de la RDA) en pleno centro de la nueva república comunista, estaba bajo el control de los aliados, con una frontera interna que se mantuvo abierta hasta 1961, convirtiendo a la ciudad en la principal vía de escape de aquellos que intentaban abandonar Alemania Oriental a causa del control omnipresente que ejercía el aparato estatal, transgrediendo las libertades individuales.

Pero el domingo 13 de agosto de 1961, se empezó a construir un muro de más de 150 kilómetros de extensión que se convirtió en una fortificación conformada por dos barreras de concreto separadas por franjas de control conocidas como “zonas de la muerte” y equipada con reflectores, cercas eléctricas, torres de observación, trincheras, búnkeres y guardias armados. El Muro de Berlín fue construido por las autoridades de la RDA para intentar frenar la ola migratoria que, para 1961, había visto a 3.5 millones de sus habitantes (un 20% de su población) cruzar hacia la República Federal. A diferencia de otros muros fronterizos, que aún se mantienen de pie en pleno siglo XXI, la razón de ser del Muro de Berlín era no dejar salir, en vez de dejar entrar. Su construcción permitió reducir significativamente la migración, pero no la detuvo completamente: se estima que en total unas 5 mil personas lograron cruzarlo exitosamente en sus 28 años de existencia; sin embargo, se registra que 136 personas murieron en ese mismo intento, el último de ellos en febrero de 1989.

El Muro de Berlín cayó en la noche del jueves 9 de noviembre de 1989, 28 años después de su construcción. La apertura del muro fue consecuencia de las exigencias de libertad de circulación en la RDA. A finales de 1989 comenzaron manifestaciones masivas en contra del gobierno de la Alemania Socialista. Ante esta presión social y la renuncia del presidente de la RDA, se anunció que todas las restricciones en Berlín habían sido retiradas y decenas de miles de personas fueron inmediatamente al muro, donde los guardas fronterizos abrieron los puntos de acceso permitiendo el paso. Los ciudadanos de la RDA fueron recibidos con entusiasmo por la población de Berlín Oeste. La mayoría de los bares cercanos al muro daban cerveza gratis y los desconocidos se abrazaban entre sí. Esa noche, los berlineses destruyeron el muro con todos los medios disponibles (picos, martillos, etc.). Posteriormente, el 21 de julio de 1990 en la Potsdamer Platz se realizó el The Wall Live, promovido por Roger Waters (ex-Pink Floyd) y con la participación de estrellas de rock como Van Morrison, Scorpions, Ute Lemper, Marianne Faithfull, The Band, Cyndi Lauper y Bryan Adams.

Toda esta experiencia dolorosa pero con un final de oportunidades de igualdad y esperanza para los seres humanos, me han hecho pensar cómo en este mundo todavía existen muros que impiden la libre circulación de las personas y hacen que los migrantes pongan en peligro sus vidas al tratar de entrar a determinados territorios. También dividen, discriminan y prohíben soñar con nuestra libertad. Cayó el Muro de Berlín pero aún quedan otros muros: les llaman “los muros de la vergüenza”.

En la frontera de Estados Unidos con México se construyó en el 2006 un gigantesco muro para reducir el número de indocumentados que ingresan en su territorio, aún cuando EE.UU. fue uno de los países que más incidió para que el muro de Berlín fuera derribado; en Israel, el Gobierno está construyendo un muro que recorrerá 720 kilómetros y un 82% estará en territorio palestino ocupado. El muro penetra 22 kilómetros en Cisjordania y un 10% de la población Palestina que habita al este de Jerusalén quedará atrapada. Debido a esto, los granjeros palestinos no pueden acceder a sus tierras, con lo que las cosechas se pierden, los hombres y las mujeres no pueden llegar a sus trabajos ni los estudiantes a sus escuelas. Actualmente, los palestinos no tienen control sobre sus tierras o sus propiedades. Pero Israel justifica este muro diciendo que es para proteger a su población de los ataques terroristas de extremistas palestinos; el muro de Ceuta-Melilla-Marruecos, es un muro de 20 kilómetros de largo y seis metros de alto entre Marruecos y España que ha hecho que poblaciones africanas enteras busquen otra vía de acceso a la Unión Europea: la peligrosa vía a través del archipiélago Canario. Según cálculos españoles en 2006, 6,000 inmigrantes murieron al intentar alcanzar Canarias en embarcaciones precarias; Botswana tiene barreras electrificadas en su frontera con Zimbabwe. Oficialmente existen para impedir la entrada de animales domésticos contaminados pero la realidad es que se ha construido para impedir la llegada de aquellos que huyen de las masacres étnicas. A todas luces un muro antiinmigración; desde 2007 Tailandia construye un muro a lo largo de 75 kilómetros en su frontera con Malasia, para impedir a los “terroristas” entrar en sus agitadas provincias de mayoría musulmana en el sur. La construcción de este muro, de más de dos metros de altura en algunos puntos de la línea de demarcación que divide la provincia tailandesa de Satun y los estados malasios de Kedah y Perlis, cambió las vidas de muchos tailandeses que habitan en la región. Las gentes que residen en uno y otro lado de la frontera tienen el mismo estilo de vida, la cultura es igual, hablan similar lengua y siguen todos el credo islámico, lo único que marca una diferencia entre ellos es la nacionalidad; a comienzos de los 90, India empezó a construir un muro de 550 kilómetros que la separa de Cachemira, con la intención de proteger a la nación de ataques de milicianos paquistaníes. La valla, con un costo aproximado de 3,700 millones de dólares, está compuesta por una doble cerca de alambre de púas de casi cuatro metros de altura y para hacerla más efectiva, se instalaron 1,500 kilómetros de cables electrificados.

O sea, acá estamos hablando de privarle su libertad a los seres humanos, en un mundo que ya no quiere más muros. Hablamos de que hay países en los cuales a las personas les violentan su capacidad de hacer o de dejar de hacer una determinada acción, según su inteligencia o voluntad.

Este lunes 9 de Noviembre, más de 100,000 personas salieron a las calles para festejar el aniversario de “Mauerfall” (la caída del Muro de Berlín). Más de 500 piezas gigantes de dominó cayeron del Potsdamer Platz hacia Brandeburg Tor como símbolo de la caída del Muro de Berlín. En cables noticiosos sobre la conmemoración del 20 aniversario de la caída del Muro de Berlín, un alemán dijo que “Hoy celebramos nuestra libertad, pero mañana tenemos la obligación de asegurarnos que otros muros en el mundo, por ejemplo los de Corea y Chipre, también caigan.” Y estoy 100% de acuerdo con eso y es el principal motivo de este escrito, porque como leí en una parte del muro de Berlín: “the World is to small for walls.”

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