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Jean Marc Calvet: En busca de la Paz

“Cada día mas Pintor” por Rodrigo Peñalba, “En busca de la Paz” por Flor Marenco. Fotografía Glow Ruiz

CADA DÍA MÁS PINTOR

El paisaje nicaragüense es, si no el único, el mejor de los temas manejados por el primitivismo o pintura naive local. Ríos, isletas, flora y fauna, la vida del patio, la cocina del pueblo, comarca o muelle. El cuadro primtivista puede ser pequeño como una foto o grande como una puerta. Son cuadros en donde todo alcanza, todo se ve, todo en detalle, todo en simultáneo. Pero los cuadros primitivistas siempre miran hacia afuera, a todo el mundo, nunca hacia dentro. Jean Marc Calvet intenta eso último.

La pintura de Calvet está en un punto medio, donde a un extremo está el paisaje bosquiano (Google: El jardín de las delicias), al otro lado una relectura del culto a la Santa Muerte mexicana, el primitivismo que ya mencionamos, y en el centro la persona misma de Calvet, en toda su profundidad. Es como ver a una selva. Y a veces, la selva viene hacia vos.

Los “autorretratos” de Calvet son la selva. Cada rostro de Calvet, cubierto cada uno como si estuviesen tatuados de selva, diablos, duendes, claves personales, arterias, noches y calles de ciudad. Ambos autorretratos nos observan con sus ojos grandes y abiertos sin pestañear, y con la boca abierta como rugido, nos dejan ver paisajes agrestes o noches calmadas de velas y ritos paleocristianos.

Las historias de cada cuadro de Calvet son motivos que vuelven de maneras distintas en cada obra finalizada. Las venas y arterias que hacen de ramas de árbol, el color azul de los ojos que en otro cuadro son el cielo de noche, las enfermedades de nuestros tiempos, las calles, los huesos, los duendes, las serpientes, la magia.

Sus cuadros son como el caos. Pero el caos no es esa idea de desorden que nos han hecho creer. Antes que hubiera bien y mal, orden y desorden, aguas y tierras, existía el caos; y el caos todavía existe como la lógica que explica todo lo que pasa a nuestro alrededor, todo interdependiente e interconectado. El caos es grande, el caos lo alcanza todo, y nos observa, y a todos nos alcanza como si fuera la Santa Muerte, pero no la muerte triste, sino la muerte alegre, la muerte que significa cambio, el paso a otro plano. Este es el caos de Calvet.

Sus cuadros son la muerte, pero la muerte como tránsito de lo malo hacia lo bueno. No se olvida el pasado, porque está ahí, oculto en la selva, pero se avanza. Cada día menos francés, cada día más pintor.

EN BUSCA DE LA PAZ

“Antes pensaba que la pintura me traía paz interior, pero soy un ser humano muy torturado por mi pasado. Considero que la búsqueda de la paz es mi forma de paz, talvez yo no quiera encontrarla pero solamente el hecho de buscarla me hace feliz”. -Jean Marc Calvet.

La muerte había acechado a Jean Marc Calvet por muchos años, disfrazada de angustia, dolor y soledad, merodeando por su mente persiguiendo un final fatal. La búsqueda de la paz ha sido lo que ha mantenido a Calvet vivo. ¿Qué es la búsqueda de la paz para él? Su pintura…

“Sería egocéntrico decir que pinto para mí mismo. Pero si no pinto para mí mismo no habría una conexión con los demás”, Jean Marc explica con una notoria profundidad más allá de sus palabras.

Esta conexión entre él como individuo y los demás es la manera de encontrarse a sí mismo como uno más, como un ser vivo, como todos. Su pasado lo atormenta, inconcientemente hay un temor oculto: la muerte. Para Calvet cada día ha sido un regalo, después de todo lo que ha hecho y ha pasado, la vida es un regalo. “Sin embargo, si llegara a morir mañana moriría feliz”. aclara.

Su larga trayectoria por la vida y su encuentro con la muerte le ha llevado a su evolución personal y espiritual más expresiva.

Ratatouille

El carretón que pasa por la calle, las peleas callejeras en la tv, el encuentro con un amigo, con un desconocido son, para Jean Marc, vida… y esto es lo que refleja en sus pinturas. Él se describe a sí mismo como una esponja que absorbe recuerdos, imágenes, sentimientos y los plasma en el lienzo. Es un ratatouille (mezcla) de ideas, emociones, vivencias, una estructura espontánea pero organizada a la vez. Además de las experiencias visuales tiene la música como inspiración. La música es un río que lo lleva desde salsa a pink floyd, pasando por música francesa y a veces llevándolo a escuchar dos días la misma canción; un poco de rock pesado aunque los vecinos se molesten, música de los indios y los amigos africanos. Calvet aclara que para él, todo es un rompecabezas lleno de detalles y cada detalle necesita una melodía diferente de inspiración.

Pintor Nicaragüense

Hace algunos años atrás, de visita por Guatemala buscando un rumbo de destino, se vió perdido entre turistas y mucho tráfico, hasta que una voz amiga le recomendó venir a Nicaragua. Así fue como decidió montar todas sus pertenencias en un camión y emprender su camino de Guatemala hacia Nicaragua, directo a Granada, donde decidió instalarse permanentemente. “Aquí llegué, aquí me quedé y aquí moriré”, asegura Calvet con una voz sincera y tranquila. Y agrega: “He llegado a un punto en el que me siento bien, no me siento extranjero, me siento adentro, como parte de la cultura nica… Me siento un pintor nicaragüense”.

Quizá se deba a que él jamas pintó en Francia, su pintura nació en Nicaragua.

Comments

Lou Patrou

Love Jean Marc’s paintings !! Fabulous

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