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El ÍCARO abre su convocatoria en Nicaragua

El ÍCARO, Festival Internacional de Cine en Centroamérica abre su convocatoria para participar en el Ícaro Nicaragua 2013.

En la convocatoria Podrán participar realizadoras y realizadores, cineastas de todo el mundo en las dos grandes secciones en competencia: Centroamericana e Internacional.

Las categorías participantes son: largos y cortometrajes de ficción, documental, animación y experimental que hayan sido realizados durante el período 2012 – 2013.

El período de inscripción para la convocatoria comenzara oficialmente el 6 de mayo al 31 de julio, del presente año exclusivamente a través de ficha digital disponible en la página web del festival:

http://www.festivalicaro.com/

Salvador Cardenal: Parte de la Historia

En Memoria de Salvador Cardenal, Q.E.P.D.
Salvador Cardenal es cantautor, nicaragüense, poeta, pintor y ecólogo con más de treinta años de trayectoria artística. El artista que se autodenomina defensor de lo bello y lo justo nos regala esta entrevista desde la comodidad de su casa. Y con un poco de té de Jamaica, buen humor y pintura, la tarde se aquieta y empieza la magia…

Carlos Barberena: Años de Miedo

Por Christiane L. Vaca, Fotografía Glow Ruiz

Nacido en Granada, Nicaragua en 1972, Carlos Barberena de la Rocha proviene de una familia de artistas plásticos, poetas, pintores y músicos, un ambiente que influyó mucho en su formación artística. Cuando era un muchacho abandonó el país debido a la Guerra, misma época en la que convivió muy de cerca con sus hermanos mayores, dos artistas de gran talento. Empezó tarde a experimentar en el mundo del arte, utilizando diferentes técnicas y medios que lo ayudaron a encontrarse como artista y a encontrar su propia forma de expresar ese arte. Sus obras, entre pinturas, esculturas, fotografías y grabados, han sido expuestas en diferentes lugares del mundo como Estados Unidos -donde reside actualmente-, Alemania, España, Brasil y más recientemente, en el Convento de San Francisco en su ciudad natal de Granada.

¿Cómo describiría su proceso creativo?

-Creo que empieza con una idea, irla trabajando. Yo considero que el proceso comienza como una recepción. Uno es como una antena: va captando diferentes situaciones, imágenes. Es ahí que el proceso viene a “digerirse” Cuando ya viene la hora de aplicar la técnica, ya uno tiene todo el concepto de lo que quiere trabajar. Yo considero que es más de trabajo constante, que empieza con el proceso.

El título de su exposición, Años de Miedo, ¿qué refleja exactamente? ¿Se trata de alguna experiencia personal, un comentario social?

-Yo lo considero más como una experiencia personal. Hace treinta años, yo tenía siete años y fueron muchas las imágenes que quedaron en mi mente. Pienso que desde los cinco años, el ver salir a mis hermanos porque los andaban buscando la guardia, cosas como tener que andarse escondiendo, tíos que murieron bajo la dictadura de los Somoza; después, vivir el triunfo de la revolución, participar en las protestas que se hacían en las calles. Creo que fue una experiencia que yo traté de canalizar por medio del arte, ese montón de cosas tan complejas que son la historia de Nicaragua. Cuando yo salí fuera y la gente me preguntaba ¿qué pasa en Nicaragua? se hacía un enredo de Somoza, revolución, contras y recontras, y no puedes explicar. Creo que fue el mejor medio para trabajar esta serie. Esa es más que toda la idea, como una reflexión sobre la guerra y sus secuelas.

Es muy fascinante como, en los grabados, se puede apreciar un balance entre lo complejo y lo simple, un juego de contraste estructural.

- Sí, pienso que el blanco y el negro, ese contraste le da mayor fuerza al trabajo. A veces creo que esta serie, como decía antes, cada trabajo, cada proyecto escoge su técnica, entonces, ¿qué mejor que el blanco y negro para representar el miedo?

¿Piensa entonces, que esta es una experiencia única del nicaragüense?

-No, no es únicamente una experiencia del nicaragüense, porque lo ponés en los diferentes países que han sufrido conflictos bélicos y es lo mismo. Y una de las cosas principales es decir ‘años de miedo’: el eje central es el miedo. Cómo diferentes estados someten a una población, los someten a la esclavitud por medio del miedo: si sos una madre preocupada por tu hijo, por tu familia, porque te siguen, porque te amenazan si no denuncias a tu vecino. El miedo de vivir en esa vida de violencia, ese es el punto central de mi exposición, reflexionar sobre lo que hemos vivido. Y en el mundo pasa lo mismo, no solamente en Nicaragua, como se puede ver en algunos trabajos aquí, como éste, sobre lo que paso en Abu Ghraib, sobre el articulo 5, sobre Guantánamo. Diferentes puntos de vista.

¿Considera que el arte es un fin en sí mismo, o piensa que debe lograr un efecto con respecto a la sociedad?

- Yo pienso que primero uno hace arte para sacar muchas cosas, como tratar de comunicar algo. Yo no tengo la esperanza que alguien cambie su vida o sus ideas por ver mi trabajo. Sólo expongo mi punto de vista como lo expone un escritor o un músico; más que todo es un trabajo de comunicación, no debe ser solamente decorativo.

Jean Marc Calvet: En busca de la Paz

“Cada día mas Pintor” por Rodrigo Peñalba, “En busca de la Paz” por Flor Marenco. Fotografía Glow Ruiz

CADA DÍA MÁS PINTOR

El paisaje nicaragüense es, si no el único, el mejor de los temas manejados por el primitivismo o pintura naive local. Ríos, isletas, flora y fauna, la vida del patio, la cocina del pueblo, comarca o muelle. El cuadro primtivista puede ser pequeño como una foto o grande como una puerta. Son cuadros en donde todo alcanza, todo se ve, todo en detalle, todo en simultáneo. Pero los cuadros primitivistas siempre miran hacia afuera, a todo el mundo, nunca hacia dentro. Jean Marc Calvet intenta eso último.

La pintura de Calvet está en un punto medio, donde a un extremo está el paisaje bosquiano (Google: El jardín de las delicias), al otro lado una relectura del culto a la Santa Muerte mexicana, el primitivismo que ya mencionamos, y en el centro la persona misma de Calvet, en toda su profundidad. Es como ver a una selva. Y a veces, la selva viene hacia vos.

Los “autorretratos” de Calvet son la selva. Cada rostro de Calvet, cubierto cada uno como si estuviesen tatuados de selva, diablos, duendes, claves personales, arterias, noches y calles de ciudad. Ambos autorretratos nos observan con sus ojos grandes y abiertos sin pestañear, y con la boca abierta como rugido, nos dejan ver paisajes agrestes o noches calmadas de velas y ritos paleocristianos.

Las historias de cada cuadro de Calvet son motivos que vuelven de maneras distintas en cada obra finalizada. Las venas y arterias que hacen de ramas de árbol, el color azul de los ojos que en otro cuadro son el cielo de noche, las enfermedades de nuestros tiempos, las calles, los huesos, los duendes, las serpientes, la magia.

Sus cuadros son como el caos. Pero el caos no es esa idea de desorden que nos han hecho creer. Antes que hubiera bien y mal, orden y desorden, aguas y tierras, existía el caos; y el caos todavía existe como la lógica que explica todo lo que pasa a nuestro alrededor, todo interdependiente e interconectado. El caos es grande, el caos lo alcanza todo, y nos observa, y a todos nos alcanza como si fuera la Santa Muerte, pero no la muerte triste, sino la muerte alegre, la muerte que significa cambio, el paso a otro plano. Este es el caos de Calvet.

Sus cuadros son la muerte, pero la muerte como tránsito de lo malo hacia lo bueno. No se olvida el pasado, porque está ahí, oculto en la selva, pero se avanza. Cada día menos francés, cada día más pintor.

EN BUSCA DE LA PAZ

“Antes pensaba que la pintura me traía paz interior, pero soy un ser humano muy torturado por mi pasado. Considero que la búsqueda de la paz es mi forma de paz, talvez yo no quiera encontrarla pero solamente el hecho de buscarla me hace feliz”. -Jean Marc Calvet.

La muerte había acechado a Jean Marc Calvet por muchos años, disfrazada de angustia, dolor y soledad, merodeando por su mente persiguiendo un final fatal. La búsqueda de la paz ha sido lo que ha mantenido a Calvet vivo. ¿Qué es la búsqueda de la paz para él? Su pintura…

“Sería egocéntrico decir que pinto para mí mismo. Pero si no pinto para mí mismo no habría una conexión con los demás”, Jean Marc explica con una notoria profundidad más allá de sus palabras.

Esta conexión entre él como individuo y los demás es la manera de encontrarse a sí mismo como uno más, como un ser vivo, como todos. Su pasado lo atormenta, inconcientemente hay un temor oculto: la muerte. Para Calvet cada día ha sido un regalo, después de todo lo que ha hecho y ha pasado, la vida es un regalo. “Sin embargo, si llegara a morir mañana moriría feliz”. aclara.

Su larga trayectoria por la vida y su encuentro con la muerte le ha llevado a su evolución personal y espiritual más expresiva.

Ratatouille

El carretón que pasa por la calle, las peleas callejeras en la tv, el encuentro con un amigo, con un desconocido son, para Jean Marc, vida… y esto es lo que refleja en sus pinturas. Él se describe a sí mismo como una esponja que absorbe recuerdos, imágenes, sentimientos y los plasma en el lienzo. Es un ratatouille (mezcla) de ideas, emociones, vivencias, una estructura espontánea pero organizada a la vez. Además de las experiencias visuales tiene la música como inspiración. La música es un río que lo lleva desde salsa a pink floyd, pasando por música francesa y a veces llevándolo a escuchar dos días la misma canción; un poco de rock pesado aunque los vecinos se molesten, música de los indios y los amigos africanos. Calvet aclara que para él, todo es un rompecabezas lleno de detalles y cada detalle necesita una melodía diferente de inspiración.

Pintor Nicaragüense

Hace algunos años atrás, de visita por Guatemala buscando un rumbo de destino, se vió perdido entre turistas y mucho tráfico, hasta que una voz amiga le recomendó venir a Nicaragua. Así fue como decidió montar todas sus pertenencias en un camión y emprender su camino de Guatemala hacia Nicaragua, directo a Granada, donde decidió instalarse permanentemente. “Aquí llegué, aquí me quedé y aquí moriré”, asegura Calvet con una voz sincera y tranquila. Y agrega: “He llegado a un punto en el que me siento bien, no me siento extranjero, me siento adentro, como parte de la cultura nica… Me siento un pintor nicaragüense”.

Quizá se deba a que él jamas pintó en Francia, su pintura nació en Nicaragua.

Dirian Mejía “Las Viudas”

Por Jonathan Jackson Fotografía Chris Sataua

Como muchos antes que él, Dirian Mejía emigró a los Estados Unidos con la esperanza de obtener un mejor salario y una mejor vida, y haciendo esto encontró lo que necesitaba, pero no de la misma manera que lo había planeado. Trabajando en una construcción con otros inmigrantes, legales e ilegales de todas partes de América Latina y escuchando sus historias y las dificultades por las que pasaban, algo dentro de él cambió. Tuvo un momento de claridad en donde se dió cuenta que estaba viviendo la vida de alguien más. No estaba siendo sincero con sí mismo y se sentía atrapado. De repente, sin trabajo y carcomido por el materialismo hedonista del que se rodeaba en Miami, Dirian rentó un pequeño apartamento y vivió solo por seis meses, teniendo poco contacto con el mundo externo. No tenía televisión, internet, radio o periódicos. Pero aún tenía aquellas historias. Lo asechaban. Esos cuentos de inmigrantes, botellas de vino y cajas de pinturas que no había tocado -un regalo de unos años atrás- constituyeron el camino final para encontrar su destino y vivir su vida.

¿Cómo te empezaste a interesar por la cultura de la migración?

Trabajaba en una construcción instalando gabinetes para cocinas y tocadores. Ahí escuchaba las historias de todos los inmigrantes ilegales de mi área de trabajo. Historias de todas partes de Latinoamérica, desde Argentina hasta México. Empecé a documentarlas en mi cabeza. No sólo era la manera en la que llegaban a Estados Unidos sino también la dificultad al vivir ahí. Nada te representa. Solamente sabés las cosas básicas para ese país. Hay un idioma que no conocés. Leyes que no conocés. No sabés qué cosas aplican a vos o no. No hay bandera que te vaya a proteger, nada te va a proteger. Después de escuchar tantas historias me sentí movido y me di cuenta que necesitaba ponerlo en algo, ya fuera en papel, escribiendo sobre eso, un periódico, lo que fuera- y lo único que encontré cerca de mí fue la pintura.

¿Viste algo de vos en eso porque creciste en Nicaragua y te fuiste a Estados Unidos?

Sí, de una manera u otra. Pues no sufrí lo mismo porque me fui en avión hasta allá. Pero estaba trabajando como un inmigrante. Mi familia no tenía dinero y vivíamos en un pequeño apartamento de dos cuartos unas ocho, nueve personas. Fue una época difícil para nosotros. Aprendés y crecés después que pasás por tantas cosas. Tratás de entender a la sociedad o a lo que sea que te rodea en el momento. Realmente sentí que el amor y la pasión la sufrimos todos una vez que llegamos allá, a pesar de que yo lo recibí de una manera diferente.

De las historias que escuchaste de los inmigrantes, ¿cuáles fueron las que te marcaron más?

Muchas historias me llegaron. Las pandillas en Guatemala o México son las que les llevan la ventaja a las demás. Las Mara Salvatrucha está allá. Las mujeres lloran. Los niños lloran. Se llevan el dinero. Los golpean sin piedad. Muchas historias le llegaron a mi corazón. Me marcaron.

Tu exposición actual se llama “Las Viudas”, ¿podrías explicarme cómo estas viudas llegaron a tu trabajo y qué representan?

Viudas. Esa palabra en específico representa la pérdida de tu esposo o esposa. La tomé de la palabra y dije que enviudé de mi país porque dejé atrás tantas cosas y eso pasa cuando morís y dejás pertenencias atrás. Cuando te vas de tu país dejás todo atrás, tus raíces, tu abuela, tu abuelo, el barrio, tus amigos, tu idioma, tu bandera, todo lo que te representa. Entonces Las Viudas representan el dolor que los individuos sufrimos cada vez que migramos y dejamos esas cosas atrás. Así es como quería proyectar la definición de Las Viudas. Sumado a esa definición está la gente que “murió” durante el proceso de cruzar la frontera, ya sea que murieron literalmente o murieron por dentro, por ejemplo, al ser abusados sexualmente. Se llevan tu dignidad y no les importa. Podés ser negro, blanco, una mujer, un niño, lo que sea. Simplemente no les importa. Te destruyen desde adentro. Las Viudas representan ese dolor, ese sufrimiento.

¿Las reacciones de las personas hacia tu trabajo tienen alguna influencia en cómo creás?

No realmente porque mis pinturas son una expresión. La única cosa que puede cambiar eso o manipularlo, es lo que recibo de la gente que está sufriendo. Mi arte es algo que realmente tiene un significado, una definición del dolor que la sociedad sufre ahora.

¿Te preocupa que la gente pueda ver tus obras de diferente manera que vos?

Realmente no me importa cómo la gente ve mi trabajo. No necesito pintar algo literalmente para que la gente entienda mi arte, porque el arte es tan amplio, hay tantas técnicas y tantas definiciones del arte. El artista no va y te dice “estaba pensando en esta cosa en específico cuando lo pinté”. Yo pinto. Vos podés crear tu propia percepción de lo que la pintura te expresa.

El sueño de Lonnie Ruiz

Por Flor Marenco y Jonathan Jackson

Desde temprana edad, la vida de Lonnie Ruiz Gómez se llenó de imaginación y oscuridad. Oscuridad real. El creció en Managua, Nicaragua, en un lugar en el que pasaba mucho tiempo sin electricidad. Para entretenerlo, su bisabuela solía contarle leyendas e historias de miedo. A la vez él y sus amigos creaban sus propios cuentos, personajes y juegos. Lonnie consideró todo esto muy imaginativo y le ayudó a desarrollar un elevado sentido de creatividad.

Años más tarde, Lonnie participó en un concurso en el cual descubrió su pasión y cambió la dirección de su vida. Se trataba de ‘Cuéntamelo Otra Vez’, una competencia en la cual los participantes contaban una leyenda nacional por medio de tres ilustraciones. Lonnie ha dibujado desde pequeño, pero este concurso le permitió explorar algo un poco diferente. El participó y fue premiado con el tercer lugar, pero mas importante aún, descubrió su habilidad natural de contar historias a través de imágenes. Este trayecto le abrió las puertas a su creatividad. Lonnie descubrió una forma de expresar su interior visualmente y asi su arte remplazó las palabras que muchas veces le faltaron. Un año después él participó nuevamente, esta vez se llevó el primer lugar.

En el 2007 ‘Un Naufragio Inesperado’ – escrito por Ulises Salazar Medrano – se convirtió en el primer libro publicado ilustrado por Lonnie. El se refiere a este proyecto como el que le abrió los ojos y lo hizo ver claramente que ilustrar era lo que el deseaba hacer en su vida.

Los personajes que Lonnie crea son peculiares, un poco raros, tenebrosos y hasta feos, pero al mismo tiempo son dulces y simpáticos. Hay un sentido de contradicción en sus ilustraciones. Sus detalles son impecables; colores cálidos y texturas, crean composiciones hermosas. Aunque su trabajo suele ser un poco oscuro siempre encontramos un toque de luz y alegría. De manera que no nos sorprende que las creaciones de Tim Burton sean parte de sus influencias.

Además del trabajo de Burton y el de otros ilustradores, Lonnie dice que encuentra inspiración en un poco de todo.

“Como diseñador, siempre tienes que estar mirando a todos lados. Tenemos que ser como una cámara de video, que graba cada imagen que nuestros ojos captan y en el proceso creativo lo reciclamos.”

Para ver mas ilustraciones del trabajo de Lonnie Ruiz, visita su blog personal: www.pinol-ilustrado.blogspot.com

Cande KnD-Art “La Vida Dulce”

Por Flor Marenco Fotografía Chris Sataua
Cande vive en un mundo lleno de sueños, amor y hermosura; un fantástico lugar lleno de color y magia. De pequeña, solía despertarse muy temprano, antes del amanecer e ir a su jardín. Ahí ella empezaba a dibujar y colorear, maravillándose con la manera en que los colores cambiaban con los primeros rayos del sol.

Nacida en una familia llena de talento artístico, su abuelo fue pintor, y su mamá, Norma Elena Gadea, es una de las cantautoras más reconocidas y querida por el pueblo nicaragüense, ayudó a desarrollar y despertar en Cande, su imaginación desde muy temprana edad.

Ahora en sus veintes, Cande, o María Candelaria, continua compartiendo su mundo tan auténtico a través de su arte, diseño y fotografía. Se considera así misma como una mediadora de sentimientos con un estilo propenso a ser retro, vintage y lleno de color.

Cande crea sin límites. Fotografía, collages, pinturas y dibujos son parte de su repertorio artístico. Ella constantemente experimenta diferentes combinaciones de técnicas, medios y herramientas. Su fascinación con cámaras Polaroid antiguas es aparente en muchas de sus creaciones; como herramienta fotográfica y como un objeto en su composición.

Mientras que el arte es su verdadera pasión también ha realizado trabajos fotográficos y gráficos, incluyendo la portada del disco de la banda nacional de rock Malos Hábitos. Sin importar lo que esta creando, es importante para Cande sentir una conexión personal con lo que realiza. A través de su arte, nos muestra una forma diferente de ver la vida, llena de color, sentimientos y magia, donde la fantasía es el punto de partida.

Para ver su gallería, visita www.cande-knd.deviantart.com